Rosario Castaño Estrada tiene 77 años y ha vivido siempre en Herreruela de Oropesa, Toledo. Creció en una familia ganadera con cinco hermanas, marcada por la muerte temprana de su madre, cuando Rosario tenía solo cinco años. Desde niña aprendió que la vida iba unida al trabajo. Se levantaba muy temprano para ir al melonar a recoger melones y sandías, o para recoger higos que después se daban a los cerdos, todo antes de ir a la escuela. Por las tardes sembraba melones o quitaba hierba, y en invierno se recogían aceitunas. Le costaba madrugar, pero le gustaba montar en la yegua para ir al melonar y sentía el trabajo como algo propio, casi como una forma de estar en el mundo.
Al terminar el colegio empezó a hacer queso en primavera junto a su hermana mayor, Cipriana, para aprovechar la leche cuando se quitaban los corderos. Era un queso para casa, para no desperdiciar nada. Alternaba esta tarea con ir a las parvas a atender a los parveros, llevándoles comida y agua que se sacaba de los pozos. En el colegio aprendió a bordar a bastidor, una actividad que mantuvo siempre y que realizaba en los ratos libres para ganar algún dinero. Se casó a los 20 años, tuvo tres hijos y nunca dejó de trabajar: cosía entre tareas, ayudaba en la carnicería y en el restaurante de sus hermanas y sacaba adelante lo que hiciera falta. Cuando sus hijos se marcharon a estudiar, sintió el deseo de crear algo propio, nacido de lo que sabía hacer.
Con 53 años dio el paso y montó la quesería. Aprendió con paciencia, a base de pruebas, errores y preguntas. Su inquietud por hacer buen queso la llevó a invertir poco a poco: compró un pequeño tanque para enfriar la leche, una cuba, un saladero y hasta una cámara de frío en la parte superior de su casa. Durante años lo hizo todo allí. Hoy la quesería Quesos Rosario Castaño es un negocio familiar: colaboran ella y su hermana pequeña Ángela preparando cajas de regalo, mientras la dirigen su hijo Rafael, maestro quesero, y su hija Alicia, responsable de la gestión y la tienda online, junto a dos trabajadores jóvenes de la comarca.
La quesería y su nombre son hoy muy conocidos en el pueblo y en los alrededores. Rosario fue pionera en transformar el saber de casa en un proyecto propio, y su queso forma parte de la identidad de Herreruela de Oropesa. Rosario sigue viviendo allí, viendo cómo el pueblo cambia y resiste. No echa de menos otra vida: está donde siempre quiso estar, orgullosa de lo aprendido y de haber construido algo sin marcharse.